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    Madrid 5 de Junio de 2018

    ¿Es real el riesgo de paralización de las fabricaciones de productos electrónicos?

    Por: José M. Luis*

    Estamos viviendo tiempos complicados en el mercado de componentes electrónicos, especialmente el de aquellos considerados los más simples por su “baja tecnología” y precio: los condensadores cerámicos MLCC´s y las resistencias de tecnología SMD en todos sus formatos y variantes tecnológicas.

     

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    En el pasado hemos sufrido la escasez global y temporal de algunas familias de compuertas, memorias, tántalos (por la escasez de materia prima), microprocesadores Renesas (tras el accidente nuclear de Fukushima), pero nunca una situación como la actual con los componentes pasivos.

    La situación empieza a ser tan crítica, que no sería nada extraño encontrarnos en los próximos meses con situaciones extremas como la de no poder fabricar una tarjeta electrónica compleja porque no disponemos de los populares condensadores MLCC de desacoplo de 100nF o de algunos valores concretos de resistencias cuyo coste nominal era prácticamente cero (0,001€), pero cuyo coste de oportunidad puede ser extremadamente alto, dada la imposibilidad de fabricar y facturar tarjetas o equipos por valor de cientos o miles de Euros.

    La distorsión del mercado de los componentes pasivos también ha contagiado el mercado de tántalos que empiezan a ofrecerse como alternativa a los MLCC. Las consecuencias inmediatas son una falta de stock en el mercado, un alargamiento de los plazos de entrega y un incremento importante en los precios de venta.

    Pasar en los últimos meses de un plazo estándar de entrega de 8-12 semanas a uno de 45-54 semanas (¡un año!) ha sido tremendo, pero pasar a “situación indeterminada de plazo de entrega” o como califican esta situación los fabricantes y distribuidores “in allocation”, ha generado una cierta histeria colectiva en el mercado, no acostumbrado a tener problemas con este tipo de piezas tan comunes como baratas.

    La última vuelta de tuerca a la situación de plazos es la de cancelación de pedidos (¡pedidos que habían sido confirmados!) o incluso la no aceptación de nuevos pedidos por parte de fabricantes que ven en este río revuelto una oportunidad para hacer una fuerte corrección de precios (léase subida).

    La situación de escasez se complica cuando distribuidores y clientes finales duplican o triplican los pedidos a distintos suministradores con la esperanza que alguno de ellos o incluso todos le despachen, comprando todo lo que encuentran disponible para tener stock y así cubrir sus necesidades futuras (y algo más…). El agravante de estas compras nerviosas o compulsivas es que, al ser productos de bajo coste, se pueden efectivamente acumular millones de piezas sin invertir grandes sumas de dinero, con lo que se produce una “sequía” real del mercado de pasivos. Por otro lado, este tipo de productos es de alta rotación, por lo que no hay un gran peligro en acumular mercancías que no serán en algún momento vendidas o usadas en la fabricación.

    Aparentemente toda esta situación comienza con la fuerte demanda causada por los fabricantes automotrices que cada año introducen mas electrónica en los coches (sensórica, instrumentación, etc) así como el fuerte crecimiento de la demanda interna de países como China en productos de electrónica de consumo masivo (smartphones, tablets, etc.), sin dejar de lado la explosión del uso generalizado de soluciones IOT, telemedición, etc.

    Los principales costes asociados a la producción de resistencias de película fina (Thin Film Resistors) es la cerámica que forma su cuerpo (subió un 30% en 2017) así como el Rutenio, un metal que ha incrementado su precio más de un 300% en ese mismo año. Estos incrementos de costes de fabricación durante 2017 han ido reduciendo los márgenes de beneficio de los fabricantes en el competido mercado de los pasivos.

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    En diciembre de 2017 Yageo, que mantenía sus fábricas a tope de producción, aunque ganando cada vez menos dinero debido a los incrementos en los costes de las materias primas, toma la decisión de no aceptar nuevos pedidos de las resistencias estándar, así como de los condensadores cerámicos o MLCC. Su estrategia era la de centrar toda su actividad en la fabricación de resistencias de grado automotriz, con mayor valor añadido, mayor coste y mejor margen de beneficio, que por otro lado habían incrementado su demanda.

    De acuerdo con el EPCI (Instituto Europeo de Componentes Pasivos) de los 3.6 trillones de resistencias tipo chip que se fabrican en el mundo mensualmente, Yageo tiene una cuota del 34%. Aunque este fabricante en particular no es el único responsable, retirar un tercio de la capacidad mundial del mercado de un día para otro es una muy buena razón para haber generado una reacción en cadena como la descrita en este artículo, con consecuencias aún por descubrir en el futuro cercano.

    Si se cumplen las leyes básicas del capitalismo, probablemente con la fuerte corrección de precios sufridas en los últimos meses (entre un 100 y un 300%, por ahora), entren en el mercado nuevos fabricantes atraídos por los atractivos márgenes y se produzcan reactivaciones o ampliación de plantas de fabricación de las marcas actuales. De esta forma se espera que se vuelva a equilibrar la oferta y la demanda, trayendo otra vez tranquilidad y sosiego  a fabricantes, distribuidores, subcontratistas y clientes.

     Este equilibrio puede tardar meses en llegar, mientras tanto habrá que resignarse a esperar largos períodos por las entregas o pagar el precio que quieran pedir los que se han adelantado a hacer acopios especulativos de estos humildes pero imprescindibles componentes para completar nuestras fabricaciones de tarjetas.

    *Ing en Electrónica, Ms.C. Director de Alcoelectro S.L. empresa de subcontratación electrónica (EMS)

 

 

 

 

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